El corazón de San José de Calasanz latía al ritmo de la oración. Se dio cuenta de que educar es más que enseñar, es vivir una profunda experiencia espiritual que fortalece e ilumina cada paso.
En la oración encontramos sentido, fuerza y dirección. Nos sostiene en nuestro servicio y nos acerca a Dios. Como Calasanz, que dedicó su vida incansablemente a la misión escolapia, estamos llamados a cultivar esta intimidad con el Padre.
«Señor Jesús, que enriqueciste a san José de Calasanz con caridad y paciencia, para que pudiera dedicarse sin descanso a la formación humana y cristiana de los niños».
Que esta reflexión nos inspire a rezar por nuestros alumnos, a enseñarles la belleza de la oración y a caminar con ellos en este camino de fe.
Oremos. Vivamos la oración. ¡Construyamos juntos la escuela de Dios!